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5/7/06
Ñandú: las bondades de una carne poco conocida
Si bien aún no cuenta con una difusión masiva, la carne de ñandú es considerada como un alimento noble debido a la calidad de su carne. Una opción que conjuga oportunidades comerciales y ventajas para la salud.

El arribo del nuevo siglo ha planteado una serie de interrogantes en lo que se refiere a cultura alimenticia que se presentan como trascendentales a la hora de hallar el camino que conduzca a una dieta más adaptada a lo que es el estilo de vida moderno. Con las carnes rojas en el centro de los debates debido a sus altos porcentajes de colesterol y grasas, y algunas carnes blancas cuestionadas debido a la propagación de la gripe aviar, los especialistas aspiran a encontrar alternativas que logren reemplazar la tradición impuesta por estos alimentos. A la hora de buscar nuevas opciones en materia de carnes, existe un recurso local que actualmente está empezando a adquirir una difusión importante: el ñandú.

Si bien la producción del ñandú aún se encuentra en una etapa inicial, son muchos los que ven en este alimento una elección válida a la hora de equilibrar una dieta que cada vez se presenta como más peligrosa para la salud. A base de altos niveles de omega 3, hierros y vitaminas, bajo contenido graso y calórico y un excelente sabor, el ñandú puede convertirse en poco tiempo en una opción superadora de la carne bovina y porcina y en una competencia perfecta para el pescado, ya que presenta menores valores de colesterol. La calidad de su carne depende, básicamente, del músculo del animal, y no de factores como el tamaño o el sexo, como ocurre en otros casos. De todas formas, hay que decir que se ha advertido que las hembras contienen una cantidad de grasas ligeramente superior a la de los machos.

La explotación del ñandú como nuevo valor alimenticio corresponde a un fenómeno local que intenta hallar en nuestros recursos naturales una fuente de comercialización y producción que logre insertarse en el comercio mundial. Si bien la res, que ocupa el 63% de la explotación del animal, aparece como el principal producto del ñandú, el cuero y sus plumas también representan productos con mucha proyección comercial. Dado que se trata de un animal originario de Argentina, Uruguay y sur de Brasil, se tratan de productos con una gran demanda a nivel internacional.

A pesar del creciente interés de muchos países del planeta por las propiedades del ñandú, la producción en nuestro país es aún incipiente. La estricta regulación que existe sobre el animal, que prohíbe su caza pero no su expotación racional bajo condiciones controladas, ha hecho que existan pocas plantas dedicadas al faneamiento del animal, condición básica a la hora de pensar en algún tipo de cadena de comercialización. Actualmente, existen criaderos en La Pampa, Buenos Aires, Río Negro y Neuquén, aunque también el SENASA habilitó establecimientos destinados al faneamiento en Concordia -provincia de Entre Ríos- y Pico Truncado –provincia de Santa Cruz-. Si bien existe una intención clara de establecer una industria a partir de la explotación del ñandú, la producción aún es escasa debido, entre otras cosas, a la insuficiencia de animales reproductores y al ajuste tecnológico. En este sentido nuestro país se encuentra lejos de establecer una producción suficiente que asegure una estructura comercial óptima.

La importancia de poder construir algún tipo de rentabilidad a partir de la explotación del ñandú radica en la cantidad de mercados trasnacionales que se podrían llegar a conquistar. Uruguay, país líder en la cría y comercialización de este animal, ha podido incorporar destinos importantes a su estrategia de comercio exterior, entre los que se destacan Argentina, Brasil, Japón, Marruecos, Rusia, Emiratos Árabes y Hong Kong. Nuestro país podría encontrar, a raíz de esta actividad, una importante fuente de ingresos y proyectar una nueva industria que potencie las bondades de nuestros recursos naturales.

Dada la poca instalación que aún tiene este alimento, tanto en la cadena de comercio como en la dieta argentina, su consumo se encuentra limitado a un consumidor de nivel alto, como así también a los círculos hoteleros más exclusivos de la ciudad que actúan como canales de difusión aprovechando el fenómeno del turismo y en lo determinante que podría resultar en vista de una posible exportación.

Si bien la explotación del ñandú aporta múltiples productos como plumas, cuero y aceites –muy utilizados en la industria de la cosmética-, queda claro que su valor agregado se centra en la calidad de su carne. Con una cantidad de omega 9 veces superior a la carne bovina y 80 veces superior a la carne blanca, se presenta como una posible competencia al idolatrado pescado. Una opción novedosa a la hora de diseñar una dieta saludable y más adaptada a las necesidades de un mundo que cada vez atenta más contra la salud del hombre.

Salomé Zamora

 
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